Descripción
La tradición literaria nos depara un linaje muy ilustre de obras en las que el ensayista decide revelarse, por fin, como lo que discretamente es y casi siempre olvidamos: un personaje independiente hasta cierto punto del autor mismo; una voz dotada de voluntad propia y en diálogo con circunstancias más verbales que vitales.
En Montejo, el impulso lírico orienta las reflexiones de su personaje hacia un terreno despojado de titanismo o magisterialismo, un terreno de fina escritura y reposado gesto en que la profundidad no se alcanza solo con ingenio o inteligencia gnómica sino también con pasión e innegable instinto de artista. Coll es un maestro, pero su enseñanza no es rotunda ni redentora. En ella, la fascinación por las posibilidades creadoras del lenguaje se impone a las verdades del conocimiento convencional. O quizá convenga más decir que la verdad y el conocimiento que este maestro persigue apuntan al manantial de presencias fundadoras que persiste intacto en las palabras. Del ensayo al poema en prosa hay poco trecho, y eso parece saberlo a la perfección Eugenio Montejo.
