Descripción
El autor de Las flores del mal puso de manifiesto una nueva actitud frente al bullicio de las aglomeraciones urbanas, no sólo como realidad física, sino también como objeto de arte, al tiempo que buscaba una nueva manera de contar consigo mismo, en tanto sujeto viviente y en cuanto conciencia artística. Fascinado y repelido por el destino del hombre moderno, el hombre de las grandes ciudades, frente a una realidad impredecible que no controla, cubrió el abigarrado paisaje urbano con una amplia, inquietante y sugestiva constelación de signos, en cuyos resplandores mortecinos aún podemos reconocernos.
