Descripción
Rousseau es una fuerza que se anticipa a su época para crear ideas y situaciones, y para señalar rumbos educativos en un mundo sumergido en antiguas costumbres y tabúes. Leyendo a este Emilio exaltado, libre, amante de la vida, asistimos a un espectáculo sorprendente de descubrimientos pedagógicos aún valederos. Son conmovedoras las palabras del prefacio con que presenta a su héroe: «Este conjunto de reflexiones y observaciones fue comenzado para complacer a una buena madres que sabe pensar… Al seducirme el tema, esta memoria se convirtió en una obra demasiado voluminosa, pero harto pequeña para la materia que trata… Un hombre que lanza sus hojas al público, sin publicidad, sin partido que lo defienda, no debe temer que, si se equivoca, se admitan sin examen sus errores. No se conoce infancia; sobre las falsas ideas que se poseen, cuanto más se abunda, más se yerra». Basta este breve extracto para sumergir al lector en un tema siempre vigente para los padres, maestros y jóvenes.
La tesis del «Discurso» es audaz, sobre todo en un contexto de exaltación de la ciencia y del conocimiento como es el siglo XVIII: el establecimiento de las ciencias y las artes no ha contribuido a depurar las costumbres, sino a corromperlas. Rousseau reclama una forma de virtud inspirada en un ideal clásico, el de la Esparta guerrera, el de la Roma republicana. La virtud que requiere Rousseau, aquella que resulta incompatible con el progreso de la civilización, es una virtud política que favorece el lazo social y la pertenencia comunitaria.
