Descripción
Poemario que profundiza en la relación simbiótica entre paisaje extremeño, memoria corporal y palabra creadora, usando la imagen del «verso tendido» como metáfora de entrega total al acto poético.
Canelo evoca su infancia en Moraleja (Cáceres) —ríos, encinares, trillas, veranos abrasadores— no como nostalgia pasiva, sino como materia prima viva que alimenta el verso: «El encinar, serenamente / no traiciona nunca». La naturaleza actúa como espejo del ser, donde sol, agua y tierra se funden con el ritmo de la escritura.
Predomina una metapoesía íntima: reflexiones sobre el proceso creativo («No muevas el secreto de la poesía»), la urgencia de nombrar y la tensión entre contención y desbordamiento lírico.
La sintaxis fragmentada y el verso libre evocan el latido orgánico del territorio, alternando imágenes telúricas con confesiones personales: «La materia, Dios mío, la materia».
Como continuación de Habitable (1979), Tendido verso consolida la poética caneliana: rechazo de modas literarias, apuesta por lo telúrico como origen y la poesía como «torre de exigencia» que une lírica y existencia. Funciona como puente entre su primera y segunda etapa, anticipando obras como Cuatro poéticas.




