Descripción
Siempre en las viejas fábulas seduce la virtud de encarar los asuntos más hondos del alma desde la sencillez de la vida de los animales. Una sombra en Pekín hereda aquella trasparencia, la sorpresa y el candor de los antiguos fabulistas para hablar, ahora, de la gran ciudad, de la soledad y del paso del tiempo con personajes de carne y papel que tienen nombres de animal: la tortuga, cuya fortuna arruinó a un tiburón, que ama a una rana y desama a una paloma. En la época indefinida donde ocurren los cuentos, en un país –China- tan lejano en los mapas como inmediato en los sentimientos, un anciano afinador de pianos describe con la caligrafía de su presente el vacío que ha sido su vida desde que salió de su pequeña ciudad para emigrar a la metrópoli. Una fábula que recurre a la ambientación más distante para dibujar con mayor exactitud el retrato de nuestro tiempo. Así, de esta forma tan original se nos presenta, en la contraportada del libro, la sinopsis. El tono de la presentación va muy acorde con el tono de la historia en sí.
El libro nos cuenta la vida de Wu Guî, un afinador de pianos que regresa, tras muchos años en Pekín, a la aldea que le vio nacer y donde transcurrió su infancia y juventud. Pocas son sus pertenencias: algunas prendas de ropa y un cuaderno, que adquirió hace años con la intención de llenar sus páginas, pero que se ha mantenido incólume hasta la fecha, momento en el que sentándose en una especie de vertedero a las afueras de su pueblo, nos va a desgranar, de forma triste y melancólica, lo que fue su vida y la de su familia.
